Collco11

La tercera edición del ciclo de conciertos El Mar donde se unen las Estrellas ha cumplido las expectativas que prometía su cartel. Durante el mes de agosto pasaron por el escenario del puerto de Gandia Pitbull, Pablo Alborán, Melendi y Malú que justificaron por qué ocupan un lugar privilegiado en el actual panorama musical. Según las cifras oficiales de asistencia, la respuesta del público, aunque desigual, también se puede considerar como buena, teniendo en cuenta los tiempos que corren.

En cuanto a la organización, irreprochable en temas como la seguridad y la producción técnica, hay algunas cuestiones que necesitan revisarse con urgencia. En primer lugar no se entiende cómo es posible que se programaran con apenas tres días de diferencia los conciertos de David Guetta (cuya producción era ajena a este ciclo) y Pitbull. El dj francés al margen de su propio tirón, se benefició de que la suya fuera la primera actuación importante de la temporada y consiguió el lleno,  todo lo contrario que Pitbull que registró  la entrada más floja.

Muy desacertada fue también la gestión de una promoción que la organización se sacó de la manga pocas horas antes del concierto de Pitbull a la vista del desastroso ritmo de venta de localidades.  La oferta consistía en que presentando en las taquillas tickets de consumiciones realizadas en establecimientos hosteleros de la ciudad éstos se canjeaban por entradas. La falta de información provocó la indignación de muchos clientes que se sintieron estafados al entererarse en las puertas de que esta promoción estaba limitada a unos centenares de invitaciones, hecho del que no fueron advertidos. Se dio una imagen mezquina y poco profesional que se podría haber evitado con menos improvisación y más tacto.

Mención aparte merece el servicio de barras que dispensaban bebidas en el interior del recinto. Lo que allí se ofrecía alcanzó unos niveles de cutrez como uno no veía desde hace mucho tiempo. Aunque los 5 € de la consumición puede considerarse como un precio normal en estos eventos, los bebedizos que se servían eran indescriptibles. Vasos de un plástico malísimo, alcohol de marcas desconocidas la mayoría de calidad ínfima, refrescos calientes en botellas de litro que los camareros no se molestaban en dejar en frío entre servicio y servicio, un desastre.

El Mar donde se unen las Estrellas, a pesar de este nombre que suelta un tufillo rancio a Benidorm años sesenta, tiene todas las condiciones para convertirse en un referente en el circuito de festivales de verano. El entorno donde se celebra, la calidad de las actuaciones, una producción impecable, pueden hacer de este evento un valiosísimo vehículo de promoción turística. Ahora bien, para alcanzar la excelencia deben cuidarse los detalles y eso incluye todo lo referente al antes, durante y después del concierto, en los aledaños y en el interior del recinto.

 

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